miércoles, 9 de septiembre de 2015

¡Que no encoges!


Hay gente que debe padecer un curioso caso de hidrofobia: tienen pavor al agua de la ducha o a la del lavabo. El resultado de este temor es un olor corporal profundamente desagradable que convierte al que lo padece en un “pebetero humano”, y no en el buen sentido de la palabra.
            No me refiero, por supuesto, a los que sufren "hiperhidrosis" o exceso de sudoración.  Me refiero, simple y llanamente, a gente que no se lava y que desprende un tufo que se puede cortar con cuchillo y clasificar por zonas: olor a culo poco limpio, a boca sucia, a pies, pelo mugriento o sobaco cebollero.
            Hoy he subido varias veces en tranvía y ha sido una tortura, a pesar de que no iba  excesivamente lleno. Algunos parecen creer que utilizando dosis masivas de colonia se enmascara la falta de higiene. Permitid que os de una noticia: NO ES ASÍ. La colonia no puede sustituir al jabón, ni al desodorante, ni al champú, ni a la pasta de dientes. Sólo hace que se huela como a mierda en el jardín.
            Para colmo de males, el que diseñó el TRAM debió pensar poco en el tema “olores” pues decidió, alma cándida, tapizar de tela los asientos. ¿¿¿Cómo se le ocurre??? Así se quedan bien impregnados del aroma a ser humano (y a choto, en su caso).
            Y ¿qué me decís de lo que pasa en los ascensores cuando uno de estos particulares hidrófobos sube al mismo? Que el resto padece repentinamente de tortícolis pues sus cuellos y cabezas se van inclinando en dirección contraria a la del apestoso en cuestión. Y encima no puedes huir.
            Entiendo el miedo. Es una emoción primaria que se deriva de la aversión natural a algo que percibimos como peligroso y que nos produce ansiedad pero dejadme tranquilizaros un poco:  el agua es bueeeena, el agua es saaaana, el agua no hace daaaaño.
Y un último consejo, lector: ¡Lávate, que no encoges!

 
 
 
Imagen tomada de la red. Si el autor lo solicita, procederé a retirarla del blog.

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