martes, 24 de abril de 2018

De dinosaurios y niñas listas…

Microrrelato - De dinosaurios y niñas listas...


Siempre los dibujaba pequeñitos, porque decía que le daban miedo. Un día su madre le prometió que le compraría la muñeca que llevaba meses pidiendo si le pintaba un dinosaurio bien grande. La pequeña cogió un folio y en él esbozó un árbol enorme detrás de cuyo tronco se veía una cola dotada de púas.
_Es que se ha escondido detrás del baobab _ dijo, ante la mirada de pasmo de su progenitora_ pero es grande, mamá, te lo prometo.
Paula tuvo esa misma tarde la muñeca prometida.















Para mi Paula, que aunque ya va a cumplir los diecisiete, sigue siendo mi nena.

lunes, 23 de abril de 2018

Un visitante inoportuno


Ayer, mientras tenía que renunciar a mis propósitos de fin de semana a causa de un achaque reumático, me acordaba de las palabras de Pedro Fabelo y de como define al dolor (en su caso ciática) en uno de sus posts. (Si no conocéis su blog, cosa que dudo... ¿¿¿a qué estáis esperando???, os encantará).
Aunque son ya muchos años tratando con el malestar y aguantando sus excentricidades e incómodas visitas, para mí el dolor no es un “enemigo íntimo”, ni siquiera un “viejo enemigo”. Lo definiría como un conocido bastante plasta (yo no llamo amigo al que actúa así, enemigo tampoco), que se presenta en tu casa sin ser invitado y del que no te puedes librar. 
Ese visitante inoportuno se apoltrona en el sofá y empieza a hablarte de su vida, haciendo caso omiso de tus miradas de soslayo al reloj. Cuando se hace notar tienes la impresión de que va a quedarse ahí para siempre, fundiéndose con el “plaid” y con tu almohadón favorito y, aunque no le estás prestando atención, su monótona charla te machaca las sienes reverberando en el cráneo como un eco desquiciado.
Como no consigues que se marche, te joroba todos los planes, te inhabilita para hacer tu vida normal regalándote una sensación de frustración terrible. Cuando al final se larga, te dices a ti mismo que no debe volver a suceder, pero aunque pones todos los medios para que la situación no se repita, a las pocas semanas retorna. Y esta vez no se queda en el sofá, qué va, el desgraciado con cualquier excusa se te mete en la cama.


Al principio, cuando lograba librarme de él me decía: “espero que no vuelva nunca, nunca”. Ahora ya sé que, haga lo que haga, va a regresar a darme la paliza (por decirlo con finura). Pero quizá el hecho de verle así, como a un visitante inoportuno y algo “coñacete” que se quedará conmigo un tiempo, me ayuda a no agobiarme demasiado, a no “enfadarme con él”.
Si bien no me hizo gracia tener que cambiar de planes, pude hacer otros sin comerme demasiado la cabeza. Después de todo, pensé que si iba a tener que aguantarlo… ¡al menos que me pillara de buen humor!
Eso si… ¡¡¡espero que se largue cuanto antes!!!










 Con buen humor, las cosas saben mejor

viernes, 20 de abril de 2018

¡Vaya fauna!

¡Vaya fauna! - Un paseo (con fotos) por la idiosincrasia "playera"

Los que vienen de visita por la zona donde vivo, dicen que aquí tenemos una "fauna" muy peculiar, y no aluden ni a los perros, ni a las gaviotas ni a ningún otro animal. Se refieren a nosotros, los lugareños.

¡¡Están locos estos humanos!!

Una de las veces que escuché de un extraño la frasecita "vaya fauna" iba acompañando a una crítica sobre manera en que nos vestimos aquí para salir a la calle, o mejor dicho, el modo en que "no lo hacemos". No nos arreglamos, es verdad, si tenemos que pasear al perro o tirar la basura salimos con lo que más nos acomoda. En mi caso, en verano es camiseta y pantalón corto y en invierno chándal y un chaquetón que ya debería haberse jubilado hace años. Yo soy de las más discretas, desde luego, porque he visto salir a varios de mis vecinos ataviados tan sólo con un batín o directamente en pijama. ¡Sí, para salir a la calle! La verdad es que todo está a dos pasos, pero bueno, no deja de ser algo llamativo para los que lo ven por primera vez.
Otra cosa curiosa que forma parte de nuestra particular idiosincrasia es el modo en que preguntamos los unos por los otros. Algunos sí saben el nombre de sus vecinos, pero la mayoría se refiere a ellos como “el papá o la mamá” del perro al que pasea (los nombres de los peludos SI los conocemos todos, faltaría más).  A mi esta costumbre no me hace demasiada gracia, yo no soy la madre de Fibi, prefiero que digan que soy su dueña… aunque tampoco me veo como tal, porque más bien manda ella en mí… así que soy su “má”, y listos. Una cosa a medio camino entre mamá y ama. Pero eso no se lo cuento a mis vecinos, claro está, os lo digo a vosotros en "petit comité". ¡¡Qué pensarían de mí en la psico-panda si se enteraran!!
Algunos de mis vecinos llevan comida a los gatos que viven por los espigones, aunque ellos se saben buscar muy bien la vida. Tienen una pizzería, un pequeño restaurante y un bar del que sacan su buena ración de alimento. Otros, más listos si cabe, esperan pacientemente al lado de los pescadores porque saben que algo les cae seguro. Este señor de la foto SIEMPRE estaba acompañado por un gatito. Ahora ya son tres los que le siguen como sombras.

                                                Esta foto es del año pasado.

También tenemos a los que les dan de comer a los pájaros. Yo me incluyo en este grupo pero a mi no se me ocurre echarles comida a las palomas por el balcón, yo les pongo a mis gorriones un plato para el pan y otro para el agua, en un rinconcito, y no tiro nada por la ventana. Otros, sin embargo, prefieren hacer llover mendrugos de pan (que nos caen a los demás en nuestras casas) antes que ensuciar su propia terraza. En fin.



         Hay quienes sacan a sus peludos a dar largas caminatas por la playa; otros, en cambio, dejan que sus mascotas les paseen a ellos. No veáis lo contentos que iban estos dos tirando del monopatín y lo que corrían. 



Y luego hay alguno que se baja a los banquitos del paseo a hacerse la manicura. Este es otro de los momentos en que he oído que se referían a nosotros como "fauna curiosa" y en este caso no podían tener más razón. Curioso es, el hombre. 



Por supuesto también tenemos a la típica señora chiflada por los bichos, que va por la calle acariciando y fotografiando a cuanto animal se pone a su alcance, tarareado cancioncillas y silbando a los gorriones. El otro día acerté a hacerle una foto a uno de estos “ejemplares”, aunque sólo pillé su sombra…


Anda, pero ¡¡¡si soy yo!!!
No, si van a tener razón cuando dicen eso de “Vaya fauna”...

jueves, 19 de abril de 2018

El príncipe rana (criticar desahoga)


        Algunas veces algo que leo o veo en la tele me revuelve sentimientos y me pongo belicosa. ¿ Qué hago entonces? Mi salida ante la frustración, mi desahogo personal es escribir, y si puede ser integrando el humor, la ironía, el sarcasmo o la autocrítica, mejor que mejor.
         Creedme, criticar -en especial sobre el papel/teclado- desahoga.




El príncipe rana

(poemita borde de los que me pirran)


Se de un “príncipe de cuento“
que cambió su forma humana
para convertirse en rana…
¡podéis creerme, no miento!

Al principio parecía
que era mi príncipe azul
transparente como un tul…
pero todo fue mentira:

Era un enano egoísta
caprichoso y muy veleta
que cambiaba de chaqueta
como quien cambia de rima.

Me engañó, sí,  porque yo era
una joven inocente
y él muy, muy mala gente
y me vendió una quimera,

robándome el corazón
mi juventud y alegría…
por eso esta poesía
le dedico sin perdón:

A ti, ladrón de emociones
sin sangre azul en las venas
generador de mis penas
y destructor de ilusiones

A ti, sapo miserable,
sucia rana nauseabunda,
¡gracias al cielo no abunda
gentuza tan deleznable!

Aunque no te lo parezca
te juro que te he olvidado,
y si hoy te he recordado
es porque quería “gresca”

Pues viene bien desahogarse
un poco con el pasado.
Y es que, aunque estés desfasado…
¡¡me apasiona criticarte!!

































miércoles, 18 de abril de 2018

Una de sueños curiosos...


¿No os ha pasado alguna vez que estáis tan cansados que no podéis dormir? Pues a mi ayer me sucedía eso, estaba agotada pero no había manera de conciliar el sueño así que decidí  tomarme una dormidina.
Lo que me sucede con esta pastilla es curiosísimo porque con sólo una sexta parte de la misma ya entro en coma. Mi hermana dice que es el efecto placebo, que es imposible que tan poca cantidad haga un efecto tan potente, y puede que tenga razón, pero el caso es que he dormido nueve horas de tirón, con sueños curiosos incluidos.
Uno de ellos quizá se deba a que había estado leyendo algunas horas antes el blog de Kirke. Como ella, en ese sueño participaba en un curso de Escritura Creativa. Lo organizaba el Ayuntamiento de mi ciudad pero en lugar de celebrarse en un aula corriente, nos llevaban a una isla paradisíaca y nos alojaban en un hotel de primera, con jacuzzi en las habitaciones y todo. Igualito que en la realidad, vamos.
Una vez hubimos acomodado el equipaje, que venía en baúles a lo Harry Potter, nos reunimos con nuestra profesora junto a la piscina del hotel, donde había organizado un bufé en nuestro honor. Además de infinidad de tartas deliciosas, teníamos a nuestra disposición un montón de objetos de entre los que teníamos que elegir dos para hacer un relato. Mis compañeros y yo nos lanzamos sobre ellos como aves de presa, dispuestos a pillar el mejor botín. Al terminar la refriega había conseguido un plátano algo espachurrado y una corona. Eso y una tarta de chocolate recubierta con nata que me proponía devorar a la primera ocasión.
Cuando me disponía hincarle el diente al pastel tuve una idea genial para el relato pero no tenía a mano nada para registrarla. Con mi memoria de pez si no la escribía acabaría olvidándola ¡¡y no podría ponerla en el blog!!! (Aquí el curso de escritura creo yo que me importaba un bledo). Me recriminaba a mí misma no llevar conmigo en todo momento una libreta de notas, como las que solía llevar en el bolso.
A falta de pluma y papel anoté mi historia, con letra muy pequeñita, en la cobertura de la tarta, pero cuando me decidí a llevarla  hasta mi habitación para poder transcribir el texto tropecé con uno de mis compañeros de cursillo… y la tarta se convirtió en un bonito cuadro abstracto en el pavimento.
Entonces me he despertado. He intentado recordar la historia del plátano y la corona, pero no ha habido forma de evocar nada ¡¡qué rabia!! ¡¡Con lo genial que me parecía en el sueño!! Me da a mi que, a partir de ahora, voy a tener que llevar mi libreta de notas hasta dentro de la cama.

Feliz día a todos

                                    Imagen de la red, la eliminaré del blog a solicitud del autor

martes, 17 de abril de 2018

Clotilde (micro relato)


 Hola a todos. Os dejo este micro. Aunque no todo es cierto, mucho de lo que os cuento está basado en "hechos reales". Espero que os guste.

Clotilde

Cuando era niña viví una temporada en la casa de campo de mi tía MariLola. Me gustaba mucho visitarla, me llevaba muy  bien con ella y, además, tenía una habitación para mí en la parte de arriba del edificio, un cuartito abuhardillado que me hacía soñar.  A través de las ventanas se podía ver el huerto y llegaban hasta ellas las ramas de un enorme eucalipto en el que anidaban los gorriones. Por las mañanas era su canto el que me despertaba, y desde entonces ése es el sonido que más me gusta y me relaja.
La tía MariLola  me dijo que podía decorar a mi gusto la habitación (había llevado conmigo peluches y fotos como para llenar varios dormitorios) pero había una pequeña condición: no podía molestar a Clotilde.
Clotilde vivía sobre mi cama, en el techo, justo encima de la almohada. Era pequeña, con el abdomen algo hinchado, patilarga y no muy peluda. Al principio me daba un poco de impresión pensar que dormiría con ella colgando sobre mi cabeza, pero la tía me contó que  la pequeña araña tejía su red para protegerme de los malos sueños, que quedaban atrapados entre sus hilos hasta que desaparecían. Puede que fuera porque sólo tenía cinco años pero, ¡¡qué ilusión me hizo entonces tener a mi nueva amiga en la habitación!!
Cada noche al acostarme parecía que me estuviera esperando. Mientras me arropaba, la tía me contaba que se estaba asegurando de que su telaraña fuera lo suficientemente fuerte para resistir los embates de las pesadillas y que por eso se colgaba de un hilo o saltaba sobre ella. Siempre dormí como un lirón en mi pequeño cuarto abuhardillado, así que llegué a creer que mi amiguita de ocho patas me cuidaba durante el sueño.
Han pasado muchos años desde entonces y aún la recuerdo. Supongo que porque la asocio a la etapa más feliz de mi vida, a esos días en que la mayor de mis preocupaciones era pensar si dedicaría la mañana a mirar cómo nadaban los renacuajos de la charca o a recoger y devorar tomates en el huerto. Clotilde es para mí como el canto de los gorriones: representa el amor de una tía por su sobrina, es el símbolo de mi infancia, de una etapa de inocencia, de esos días en que tenía fe en las hadas y era capaz de creer que una pequeña araña me protegía de las pesadillas.
A veces, sólo a veces, miro con nostalgia hacia mi pasado y… ¡Cuánto te hecho de menos, Clotilde!
                                                                               Imágenes de la red. Las eliminaré del blog si el autor lo solicita

lunes, 16 de abril de 2018

El fin de la "Pandilla psicótica"


Creo que aún no recibía demasiadas visitas en el blog cuando hablé de la “psico-panda”. Os hago un breve resumen para poneros en situación.
La “Pandilla psicótica” o “psico-panda” es como llamo a un grupito de gente que paseaba a sus perros en manada, todas los días muy tempranito. Solían encontrarse en la playa antes de las siete de la mañana y, a mi entender, estas reuniones tenían por objeto cumplir cuatro objetivos básicos:

1)      Realizar una buena sesión de ejercicio, que es beneficioso tanto para perros como para personas.
2)      Conseguir que las mascotas socialicen con otros canes mientras los amos hablan de lo suyo. Hasta ahora, chapeau.
3)      Permitir que los animales vayan dejando sus excrementos por todos lados, no recogerlos jamás y consentir, si se da el caso, que destrocen el mobiliario urbano (he visto en dos ocasiones a uno de estos chuchos destrozar una papelera).
4)      Jorobar al resto, a los que llevamos al perro atado (en primer lugar, lo paseamos con correa porque es lo que manda la ley y en segundo, porque no queremos causar jaleo) y obligarnos a tomar vías alternativas para no cruzarnos con ellos.



Tuve un problema muy serio con una de las “señoras” integrantes de la psico-panda. Su perro, que jamás va atado, atacó a Fibi. No fue grave porque yo estaba al lado y me lancé sobre mi peluda para protegerla. En vez de pedir disculpas, se dedicó a mentir sobre mi perrita y sobre mí,  y ella y sus amigas se apartaban de nosotras como si tuviésemos la peste diciendo: “es que Fibi es peligrosa” y mirándome con auténtico odio. ¡¡Pero si fuimos nosotras las atacadas y las que nos llevamos el susto!!
Ahí es cuando me di cuenta de que en este grupito están todas (o casi todas) mal de la olla,  necesitan un buen frenopático tanto como respirar, y por eso surgió el nombre. Un nombre, claro está, usado sólo en “petit comité” (véase hermanos, sobrinas y amigos) y en el blog. Discreta que es una.
Pues bien, la psico-panda se ha disuelto. Se les ve pasear por la playa, pero ya no en plan rebaño. Cumplen los mismos objetivos que antes (pasear-ensuciar-molestar), excepto el de socializar. Imagino que habrán acabado por enfadarse entre ellos.
Aunque encuentro más relajadas y hasta simpáticas a algunas de las ex integrantes de la pandilla psicótica (o bien ha dejado de afectarles la presión de grupo o se han dado al Prozac) sigo evitándolas casi siempre. Sólo tengo problemas con dos de ellas, pero tampoco me hace una especial ilusión pasear con el resto. Prefiero ir a mi bola, sin tener que preocuparme de que vayan a atacarnos, disfrutando de la alegre compañía de Fibi y el murmullo de las olas como banda sonora de nuestro momento de relax.




Imágenes de la red. Las eliminaré del blog si el autor lo solicita

viernes, 13 de abril de 2018

La fuente de las gaviotas


Este fuente me encanta, no por su diseño, ni porque esté siempre encendida (¡qué va!) sino porque suele estar llena de pájaros y si hay “bichos”, el lugar adquiere un encanto especial para mí.
  


Está situada en la Avenida Denia, en una rotonda que hay frente a la Clínica Vistahermosa. Al fondo, a la izquierda, podéis ver el castillo de Santa Bárbara. La fuente se inauguró en el año 2008 para conmemorar la finalización de todos los pasos subterráneos y vías rápidas de dicha Avenida, que la conectan con la Autovía A-70 en la entrada norte de mi ciudad.



  Esta otra la hice días atrás, desde el coche. Apenas se ven las gaviotas, pero se puede ver mejor el castillo.

Cuando los chorros no están en marcha, es cuando más pájaros se posan en ella, en especial gaviotas. Siempre he querido sacarles una buena foto, pero cada vez que he pasado por allí o bien iba con prisa o no llevaba la cámara conmigo, pero hace unos días mi hermana me dejó frente a la fuente y pude despacharme a gusto. La rodeé por todos lados y me llegué a meter en la misma rotonda para poder fotografiarlas mejor.
Ya he comentado en otras ocasiones que la Gaviota no es mi pájaro preferido, pero no puedo dejar de admirarlas. Son preciosas estas Argénteas, hacen justicia a su nombre. Las que tienen el plumaje de color ocre son los pollos (los “inmaduros”). Ayer sólo pude fotografiar las que veis, pero en otras ocasiones he llegado a contar más de veinte pájaros juntos, rodeando la fuente.



     



Como tienen cerca muchos colegios, a la hora del recreo las ves sobrevolar los patios, supongo que esperando “robar” alguno de los bocadillos de los niños o alimentarse de los restos.






Nunca he podido darles de comer, se marchan en cuanto te acercas demasiado pero...
¡¡¡ me conformo con sacarles fotografías y disfrutar del espectáculo que me ofrecen!!!

Feliz día a todos

jueves, 12 de abril de 2018

Sueños y realidades



Esta noche ha sido bastante buena, he conseguido dormir seis horas seguidas (¡¡¡qué subidón!!! ¡Récord al canto!). Hasta recuerdo el sueño que he tenido, un sueño genial con el que me gustaría haber podido continuar aunque sólo fuera un poquito más…. Pero bueno, no se puede tener todo ¿no?
            He soñado que alguien, no recuerdo quién, me regalaba un pony. Era un caballito blanco-canela monísimo, algo más pequeño de lo normal, que me seguía a todas partes como si fuera mi sombra. Jugaba con él al escondite, lo llevaba de tiendas (todo el mundo lo veía como lo más normal del mundo) y hasta a una fiesta infantil. Ningún niño podía montar en él, entre otras cosas porque el caballito no se despegaba de mi lado.
            En la fiesta empezaba a sentirme algo agobiada. Mi pony-lapa había comenzado a incomodarme un poco. Entendedme, me gustan los animales cariñosos, pero no tanto. Le conté mis penas a mi amiga Tere y ella me dijo que, en realidad, mi mascota era un príncipe encantado y que tenía que ser paciente hasta descubrir el modo de romper el maleficio por el que había mutado en equino.
            En un principio la idea me pareció muy romántica (siempre me encantó el cuento de “la bella y la bestia” y ya escuchaba en mi cabeza la típica musiquita Disney) pero… pero el pony me topaba con la cabeza, y lloraba muy bajito, lloraba, lloraba…
            Y me he despertado porque Fibi me estaba dando golpecitos y llorando para que la subiera a la cama. Tenía miedo porque chispeaba, ella es así.

            De vuelta a la realidad me he encontrado con mi peluda, que es más que un príncipe… ¡¡es la reina de la casa!! Y, aunque me ha dado rabia no poder continuar soñando, la he subido a mi lado y nos hemos quedado las dos fritas una media hora más. No está nada mal, la verdad.
Mi perrita blanca-canela también me sigue como una sombra, y me da más cariño del que podría imaginar. A veces, tenemos “cosas” en nuestra vida que son más propias de los sueños (como este amor incondicional) y nos cuesta darnos cuenta de ello, aunque yo he tenido la suerte de constatar que, en ese sentido, estoy viviendo un sueño… despierta.

                                                       Mi bolita de pelo

miércoles, 11 de abril de 2018

Discurso interior, epifanía y capón virtual



Ayer tuve un día movidito. Nervios, nervios, nervios.
Empecé la mañana con una visita al dentista, nada grave, menos mal. Ya me veía pagando los empastes a plazos. Y luego trabajo, en casa, si,  pero no deja de ser faena. Quería colgar un post y no pude. Y quería leer mis blogs favoritos, y tampoco pude, así que acabé la noche con remordimientos, frustración y más nervios aún.
 ¡Qué rabia el carácter que tengo! Todo me lo tomo terriblemente a pecho. Cuando retomé el blog hace una semana me propuse escribir de lunes a viernes y sólo por un día que no puedo ya me siento mal. Quiero hacer algo por cambiar esta actitud, por relajarme y no sentirme contrariada si algo escapa a mi control.
Antes de irme a la cama, desilusionada y aburrida, me hice auto-terapia: indagué en mis pensamientos e intenté descubrir qué sentía y ver qué podía hacer por cambiar lo que no iba bien. Ésta es una pequeña muestra de ese “discurso interior” (yo no dialogo, me suelto peroratas, os aviso):
“Hay días en que todo sale rodado, según lo previsto o incluso mejor, pero también hay días ordinarios y otros, como hoy, que dan una ligera grima de lo aburridos que resultan. Monótonos, grises, insustanciales. Todo parece ir a contrapié.
Pero, espera, aunque no salgan según mis esquemas no dejan de ser “mis días”. Y si los catalogo como “grises”, “grimosos” y otros epítetos similares o peores me estoy condicionando a verlos como tales y a sentirme mal en cuanto intuya su presencia.
Es verdad que me hubiera gustado hacer “casi” cualquier cosa (anda que no me gusta exagerar) excepto lo que he hecho, y no porque haya sido pesado o desagradable, es que me apetecían más otras actividades, pero si hubiese intentado relajarme y aceptar lo que me tocaba en lugar de frustrarme por no conseguirlo hubiera sido una jornada mucho más relajante. ¿A que sí?”

Luego llegó el momento de la epifanía:
“Ohhh, qué razón tengo. ¡Que boba agobiarme de este modo! Voy a poner los medios _ me dije_ para que esto se repita lo menos posible”.

Y para terminar me dí un “capón virtual* y me fui a la cama, satisfecha y en calma conmigo misma.

*Cuando hago algo mal y sé que podría hacerlo mejor o cuando sé que tengo que ponerme las pilas y mover el culo para resolver un problema, me imagino a mí misma dándome un capón (cariñoso, que conste). A eso le llamo "capón virtual" (ã todos los derechos reservados). No duele, pero hace casi el mismo efecto: me ayuda a cambiar el chip.

                                                             Feliz día a todos


                                   Imagen de la red. La eliminaré del blog si el autor lo solicita




lunes, 9 de abril de 2018

Barajando cortinas por culpa de un café


El sábado dormí poquísimo y ayer a media mañana estaba para el arrastre. Estaba tan cansada que me preparé un café doble. Maldita la hora.

No suelo beber mucho café. Cuando más lo tomo es en verano, me encanta frío, con hielo o granizado, pero el resto del año apenas lo pruebo de modo que, cuando algún día se me ocurre tomarme uno suele darme (aunque no siempre) unos curiosos efectos secundarios. Uno de ellos es la súper-energía.
Ayer tras la segunda taza de cafetito helado y extra azucarado, empecé a revivir. Ya tenía toda la casa limpia pero NECESITABA moverme, así que me dije ¿y si aprovecho que hace buen día y lavo las cortinas? No lo pensé dos veces.
Antes de nada os diré que mi casa es diminuta, pero tras la ampliación que hice hace dos años, cogiendo parte de la terraza, ahora cuento con un saloncito bastante decente en el que tengo hasta una mesita extensible en la que cabemos seis personas ¡¡qué lujazo!! Ese salón es una ventana al mar. De las cuatro paredes que lo limitan tres y media son ventanales que cuentan con sus respectivas cortinas. Cortinas (siete nada menos) que, aunque no lo parece a simple vista, pesan, de modo que las tengo que lavar una a una. Siete lavados. Para hacerlo tengo que bajarlas de su sitio y si quiero acceder a tres de ellas he de mover mi sofá, un genial y comodísimo sofá-cama que pesa lo que no está en los escritos. Pero ¡¡¡qué más da!!! La súper-energía no me dejaba pensar así que moví el mamotreto, puse una escalera, subí a ella, descolgué las cortinas, bajé, moví la escalera… y así siete veces. Y luego, siete lavadoras. Y después el mismo proceso pero a la inversa. Muy divertido.
Una de mis cortinas tiene un diminuto roto y quise cambiarla por otra para que se viera menos. Lo que no sabía es que todas son diferentes (no entiendo bien el porqué pero es así) y ninguna encajaba bien en el sitio que había dejado libre la cortina rota. En fin, que me tiré hasta la una y media barajando cortinas para nada, porque al final tuve que dejarla tal y como se encontraban al principio y a mi me dolía la espalda después de tanto, tanto ejercicio.
Y todo por un café.
La próxima vez que me encuentre cansada a media mañana me tomo una tila y me meto en la cama, os lo prometo.




viernes, 6 de abril de 2018

Neuralgia en el bolsillo


  Hoy se me ha hecho tardísimo para publicar mi post, pero aquí me tenéis de nuevo. Quiero hablaros de una dolencia que se conoce como "neuralgia en el bolsillo".
Una neuralgia es un dolor, que puede ir de leve a intenso, en una vía nerviosa. Algunos tipos son pasajeros, se van solos en poco tiempo, pero otros son más persistentes y afectan de manera drástica a la calidad de vida de una persona.
            Los tratamientos para esta afección son muy variados y van desde la simple aspirina hasta la cirugía, pasando por fisioterapia y terapias alternativas, como la acupuntura e incluso la hipnosis y la meditación. Yo he probado esta última (¡¡Omm!! ¡¡Arggg!!)… pero no me funciona.
           Este tipo de neuralgia del que os hablo es bastante común, aunque muy pocos saben que tiene nombre. En mi caso, se produce sobre todo cuando paso cerca de la clínica veterinaria donde tratan a Fibi. Voy a explicaros con detalle en qué consiste esta “dolencia”:
            La neuralgia en el bolsillo es dolor agudo que se origina en la pierna, a la altura del bolsillo del pantalón (de ahí su nombre). El malestar se extiende hasta el brazo y mano derechos, que sufren una contracción o espasmo involuntario y se dirigen hacia el área en cuestión (a este movimiento se le llama “palpamiento de cartera”). No se produce inflamación, antes al contrario, puede llegar a causar una disminución del volumen de la zona causada por el vaciado de billetera.

El padecimiento también se produce a nivel psicológico, en especial cuando es la visa la que hay que sacar del bolsillo. O del bolso, que no viene a ser más que un hermano mayor del primero.
Así, cuando se tiene cerca el estímulo (en mi caso, tener que llevar a Fibi a consulta, pasar cerca de la clínica, etc.) se desencadena un dolor profundo que va acompañado de pensamientos negativos del tipo ¿Por qué yo? ¿Por qué a mi? y de un efecto laxante en la tarjeta de crédito.
Fibi tiene una oreja malita y no mejora, así que me toca llevarla al veterinario. ¿¿Entendéis el por qué de este post?? Voy a intentarlo de nuevo con la meditación, mañana os cuento si me ha dado resultado.
Feliz noche a todos.


Pd.: Mi hermana es la inventora de este término. Lo “patentó” cuando tenía que llevar a su perro a la clínica veterinaria, que fue cuando empezó a padecer esta “dolencia”.
Imágenes de la red. Procederé a eliminarlas del blog si el autor lo solicita.

jueves, 5 de abril de 2018

Un post difícil (y no optimizado para SEO)


Volver al blog ha sido un “propósito de año nuevo” desde hace dos años y, si no lo he cumplido hasta ahora ha sido porque quería hacerlo “con todas las de la ley”, es decir, escribiendo a diario (al menos de lunes a viernes) y leyendo (y comentando también) en mis blogs favoritos.
Lo segundo, leer y opinar, es relativamente más sencillo; también requiere compromiso y regularidad, pero no hay que invertir más creatividad de la que dejas en forma de comentario a aquellos que consideras tus “amigos del ciberespacio”. Sin embargo eso de escribir un post al día es harina de otro costal. Y no porque no tenga ganas de escribir, sino porque no se me ocurre sobre qué (estoy un pelín perdida, se nota ¿no?).
Por suerte me conozco, me conozco muy bien y sé que esto pasará, que volveré a tener ideas en cuanto coja ritmo. Siempre me ocurre lo mismo, me sucedió así cuando empecé esta andadura y tengo la confianza de que en esta ocasión va a ser igual. Pero hasta ese momento ¡qué lata no sentirme más inspirada!
Cuanto más escribo, más me apetece, más confiada me siento y más ideas se me ocurren. Y al contrario. Lo cierto es que desde hace dos años no he escrito apenas nada, ni aquí ni en otros sitios, así que estoy desentrenada pero… ¡me apetecía tanto volver! ¡Me ha costado tanto decidirme y comprometerme! Sé que si dejo esta “hoja de mi diario” vacía hoy, me voy a encontrar fatal. Sentiré como si hubiera incumplido una promesa y no quiero; aunque imagino que casi nadie leerá esta entrada de hoy, deseo ser fiel a mi propósito. Y empezar a coger carrerilla.
Los comienzos son difíciles. Los “segundos comienzos”, también. No sólo me cuesta llevar al papel (o al teclado) mis ideas (¿qué ideas?¿Qué ideas?) sino que, para más INRI, me está costando bastante recordar cómo funciona todo esto (Blogger, Google+, los comentarios…). Lo importante es que día a día lo intento, eso es lo que cuenta y aunque la paciencia nunca ha sido mi fuerte espero poder conseguirlo.

Y después de esta sobredosis de paréntesis y frustración creativa os dejo. Que tengáis una noche estupenda. Yo voy a perder el sueño pensando qué contaros mañana.

Imagen de la web. La retiraré del blog si el autor lo solicita



miércoles, 4 de abril de 2018

De vuelta



Hace dos años me tomé un respiro… ¡y vaya respiro!

He pasado por una situación personal algo complicada (bueno, aún sigo en ella) y Fibi también ha estado pachucha (aunque por suerte ya se ha recuperado del todo). No encontraba el ánimo suficiente para  escribir o pasarme por otros blogs y por eso he dejado abandonada mi pequeña casa en este mundo paralelo y a mucha gente que de verdad me importa.

A medida que fue pasando el tiempo se me iba haciendo más difícil regresar. Pensaba que no tendría nada interesante que contar, y mucho menos algo que se pudiera considerar medianamente optimista. Y, aunque quería regresar, esperaba el momento perfecto para hacerlo, un instante en el que me sintiera más confortada, más alegre, más en sintonía con el universo… y esa circunstancia tan especial no llegaba a producirse. No me di cuenta de que dejando de lado algo que me gusta tanto y que significa muchísimo para mí (escribir, mi blog, vosotros) no hacía más que internarme en ese “lado oscuro” del que estaba intentando escapar. Los "momentos perfectos" no existen, pero se consigue algo parecido con perseverancia y no apartándose de las actividades que nos generan buenos ratos. Si hay que esperar a que las cosas “encajen” para ponernos a disfrutar, estamos listos.

He echado de menos este pequeño espacio en el que ser yo misma y mostrarme al mundo y he añorado a las personas que ya se habían consolidado como parte fundamental de él. Sé por mi amiga Tere que muchos de vosotros os habéis interesado por mí y os estoy muy, pero que muy agradecida.

Espero poquito a poco ir recobrando la relación que tenía con todos los que visitabais mi blog, aunque supongo que llevará tiempo (llevo varios días mirando como acceder a los blogs y cómo publicar en el mío porque ni me acordaba).

Con el firme propósito de pasarnos por aquí todo lo a menudo que podamos, Fibi y yo os mandamos desde este rinconcito de mar y luz todo nuestro cariño.