jueves, 21 de junio de 2018

Vida y añoranza. Soneto



Hola a todos. 
Tarde, y de cabeza, como últimamente, me asomo a este mundo paralelo para desearos un día estupendo. Tengo un montón de comentarios pendientes que contestar y muchos post que leer, pero no quería dejar pasar otro día sin traeros mi pequeña aportación. Espero que os guste. 




Vida y añoranza (SONETO)

Vivo, sustentada en la esperanza
de asomarme un día a tus ojos, cual espejo,
hallando tu reflejo en mi reflejo
y tu sombra en la sombra de mi alma.

Vivo, alimentada por el sueño
de llegar a hacer nido en tus brazos,
deleitándome en el roce de tus labios,
mostrándote un corazón del que eres dueño.

Río, sueño, espero y, ay, te añoro:
cada vez que tu recuerdo me domina
y no te encuentro, muero un poco.

Sueño, espero, lloro y también río:
cada vez que me domina tu presencia,
al recobrar tu recuerdo, mi amor, vivo.


                                                                                                         

miércoles, 13 de junio de 2018

Fundido en negro


 Hola a todos. 
Este es un relato que escribí hace unos años y que quería compartir con vosotros, es mi pequeño homenaje (un homenaje algo particular) al género negro, tanto literario como cinematográfico. Espero que os guste. 

Fundido en negro 

       Rasco una cerilla en mi barba de dos días y prendo un cigarrillo. Es el último del segundo paquete en lo que llevo de jornada. Estoy intentando dejarlo, sin éxito. La nicotina y el vodka son mis dos únicos amores. El matrimonio y el trabajo no cuentan, son para mí una misma cosa: rutina.
       He seguido a esta condenada mujer toda la mañana. No ha hecho nada fuera de lo común. Ha ido temprano a la galería de arte que dirige y que su esposo subvenciona con generosidad; más tarde, ella y sus amigas se han reunido para comer y luego dejar temblando las respectivas Visa Oro de sus maridos en  exclusivas boutiques de moda. Hasta ese momento todo ha transcurrido como de costumbre, nada que confirme las sospechas del Sr. X: su esposa le es puñeteramente fiel, o eso parece.
       De pronto, algo que se sale de la rutina: no vuelve a la galería, se marcha sola al cine. La sigo, manteniendo las distancias. Confío en que éste sea el paso en falso que tanto he estado esperando, que el lugar sombrío y apartado al que me va guiando sea el punto de reunión entre los supuestos amantes.
       Me fijo en la cartelera. Cine de autor, puta suerte, ni siquiera voy a poder distraerme mientras aguardo. Bueno, mejor así, no me conviene despistarme. Doy una última calada, apago la colilla en la suela del zapato y me dirijo a la taquilla. —Una para... —mascullo algo ininteligible. Ponen los títulos en unos idiomas que nadie conoce, pero la chica parece acostumbrada y me entrega el ticket sin dudar.
       Me cuelo en la sala 7. Están pasando los consabidos “tráiler”. Penumbra. Distingo a duras penas a la Sra. X, que sigue sola, repantigada en la butaca. Me sitúo varias filas detrás de ella y acecho.
       La película comienza. Blanco y negro, lo que faltaba. Me dispongo a soportar un buen tostón, una de esas tramas sin pies ni cabeza con mucho fundido en negro y poca acción. Reprimo un bostezo. Mis manos revolotean nerviosas en busca de un cigarrillo. He de recordar que no puedo encenderme uno. No aquí, no ahora. Tendré tiempo para eso luego.
       La espera es insoportable, tanto como el argumento del film. Se me cierran los ojos por el aburrimiento.
       Debo haberme quedado algo transpuesto en algún momento porque miro en dirección al objeto de mi vigilancia y descubro que no está sola. No consigo ver demasiado, la oscuridad nos rodea, pero puedo distinguir que es alguien más alto que ella y que lleva el cabello recogido en una larga coleta. Probablemente será uno de esos “hippies” a los que tan generosamente patrocina con el dinero del cornudo de su marido. Y la está besando en los labios. No me hace falta ver sus rostros para notar la pasión que despiden. Se mantienen así, entrelazados, haciéndose caricias. Falta poco para que acabe la proyección.
       Abandono la butaca y salgo del cine. Me aposto en una esquina, tras una farola, tratando de pasar inadvertido. Saco con disimulo la pequeña pero potente cámara que oculto en el bolsillo de la gabardina, junto al tabaco. Sólo necesito un par de instantáneas y podré ponerme a investigar sobre el sujeto que acompaña tan gentilmente a la señora X a las sesiones de tarde. Y de alcoba, imagino.
       Un buen trabajo, me digo. Pienso celebrarlo al volver a casa: cigarro puro, un trago largo de vodka en un vaso helado y fiestecita privada con Laura. Tengo bastante abandonada a mi mujer, pero esta noche nos daremos un homenaje. Pienso pasarle al Sr. X una buena factura con mis emolumentos. Sí, voy a celebrarlo por todo lo alto.

       Ahí están. Salen del brazo, alegres. Me apoyo en la farola para sacar la foto que pagará muchas deudas y me proporcionará algunos billetes extra con los que sufragar mis pequeños vicios. Encuadro. Voy a disparar. No puedo, la sangre se me hiela en las venas. Están haciéndose arrumacos ante mis ojos, la Sra. X y su amante... mi mujer.
Fundido en negro.
     

miércoles, 6 de junio de 2018

Poemita "emplumado" y pensamientos difusos


Hola a todos

     Llevo una rachita curiosa, en la que apenas puedo pararme a escribir o pasarme por vuestros blogs. Y cuando puedo hacerlo, estoy cansada y lo que menos me apetece es seguir pegada a la pantalla del ordenador. Espero que sea sólo eso, una racha. Intento seguir vuestros consejos y no agobiarme, publicar cuando puedo, y sin sentir  remordimientos por lo que dejo pendiente.
     Creo que darme una tregua, conocer mis limitaciones y poner prioridades, es lo más lógico y sano, pero he de reconocer que me resulta difícil, que muchas veces me siento "descolgada", y que cuando veo los post que me he perdido (y que no voy a poder leer) me agobio.
Tiempo, me pido tiempo para aceptar que no puedo con todo, o que tengo más "apetencias", otras cosas que me motivan tanto como el blog en este momento o que me relajan más. Y ánimo, para no desfallecer y seguir con una actividad que me parece fascinante y me une a personas maravillosas.
Esta semana sólo me ha dado tiempo a preparar esta entrada, aunque tengo algunas cosas que quiero compartir con vosotros. Es un mini poema de los míos, espero que os guste.
Está dedicado a mis pajaritos, que se dedican a reclamar mi atención de todas las formas posibles. Parecen exigirme que les escriba una poesía…




Desde que escribí un poema
Otro exigen, por sistema,
Muchos de mis pajaritos:

Me lo pide el petirrojo
Sin ponerse colorado:
“es necesidad, no antojo”
Me dice, el muy descarado

Lo reclama la garceta
Esa esbelta criatura
Mientras se pasea, ufana,
Exhibiendo su blancura

Y los pequeños vencejos
Lo demandan casi a gritos
Con sus trinos, desde lejos,
Y sus giros infinitos

Y uno quieren los gorriones…
¡¡¡cien mil les escribiría
Por colmarme de emociones
Y belleza cada día!!!









martes, 29 de mayo de 2018

Máscaras, un microrrelato animal



Ésta es una fábula, como las de Esopo, pero en plan más animal. Ya veréis por qué lo digo.

El lobo se había disfrazado con una piel de cordero. Había manchado sus patas de harina para que no desentonaran con el color del resto y también se había comido una tiza pues había oído que era lo mejor para suavizar la voz. Y así enmascarado, ocultando su identidad y sus siniestros propósitos,  se acercó a casa de una tímida ovejita y consiguió que le abriera la puerta.
Una vez dentro, comenzó la labor de cortejo: fue tierno, adulador, atrevido a veces, siempre seductor… y en poco menos de media hora consiguió llevársela a la cama. No, no quería comérsela, sólo echar un polvete, no tenía hambre  ya que acababa de zamparse siete cabritillas. ¡El partidazo que le estaba sacando al disfraz!
Lo que no sabía el lobo es que la corderita con la que remoloneaba entre las sábanas también llevaba careta. En realidad se trataba de la raposa, que perseguía idénticos fines y usaba los mismos trucos rastreros que él.
La sorpresa del lobo fue mayúscula cuando descubrió la verdad. Tiempo después aún se le oía quejarse diciendo que las únicas que no se habían disfrazado en aquella aciaga ocasión eran las ladillas que le había cedido su compañera de cama.



miércoles, 23 de mayo de 2018

Achaques varios


Después de una semana movidita vuelvo a la carga. Últimamente os cuento muchas cosas relacionadas con la psico-pandi... y como he visto que el tema tiene éxito ahora cuando salgo con Fibi voy buscando con la mirada a las integrantes del grupito, a ver si me dan algún tema jugoso para un post… pero nada, que no hay manera.
Bueno, lo que sí que os puedo contar es que parece que haya una epidemia de mascotas con problemas. No se trata de nada contagioso, pero parece que tenemos a los peludos bastante “pochos”, Fibi incluida.
 Uno de ellos ha tenido una hernia y el pobre animal se tira horas para hacer caca, dando vueltas en el mismo sitio apretando el culo. Un poema. El dueño se desespera, pero ahí lo veo todas las mañanas, esperando el momento de que el pobre Bolo se decida. Además, dice que cada vez le cuesta más salir de casa… supongo que también se va haciendo mayor.
Para perritos mayores y “tocados”, el de una de mis vecinas. Ella saca a pasear a su Westy en un carrito (como los de bebés, pero para mascotas) porque el pobre bicho ya está mayor para acompañarla en paseos largos; otra le tiene que dar Viagra a su perro (casi me da algo cuando me lo contó), el veterinario se la recomendó para tratar el problema de corazón que tiene su peludo. Y mi perrita también está tocadilla, parece que se está quedando sorda…
En cuanto llegamos a una edad, tanto perros como amos, empezamos con los achaques (yo la primera, menuda rachita llevo) pero me ha chocado ver en estas últimas semanas a tantos de mis “vecinos de cuatro patas” con problemas.
Si a alguien le sobra un poco de pasta y quiere invertir en un negocio, estoy pensando montar un geriátrico de mascotas. Me forro seguro.
             Se aceptan donativos.




miércoles, 16 de mayo de 2018

Dándole vueltas a las cosas


Hola a todos

Llevo unos días de mucho trabajo, en los que apenas he tenido tiempo para leer o escribir. Ayer fue la primera tarde desde el jueves que pude dedicarme a disfrutar de mis blogs favoritos, compartir y comentar.
A veces me siento frustrada por no poder destinar más tiempo a estas actividades que son importantes para mí. Cuando empecé este diario virtual hace dos años quise publicar a diario; después de mi “retiro” forzoso, entendí que los fines de semana podía permitirme descansar, pero incluso con esos días de asueto colgar mi post diario se me hace cada vez más complicado, porque hay muchos más asuntos que requieren mi atención.
Y no es sólo las tareas que he de hacer por obligación, es que me gusta dedicar tiempo a lo que escribís los demás, y hay días en que para poder hacer esto voy de cabeza.
Una solución sencilla y aceptable: colgar mis entradas tres veces por semana. Me parece admirable la gente que publica a diario, pero si todos hiciésemos lo mismo no habría tiempo para leer todos las entradas. Al menos yo no sabría de dónde sacarlo.
Y si veo bien que el resto del universo se “racione” y me haga la vida más sencilla (permitiéndome disfrutar de más blogs o tener tiempo para otras cosas sin sentirme agobiada) ¿por qué no puedo hacer lo mismo sin sentirme mal? 
En el fondo sé que son manías, que puede que espere y exija mucho más de mí misma que los demás (probablemente nadie espere ni exija nada y sea otra obsesión mía a añadir a la lista). Qué le voy a hacer, es mi carácter. 
Quizá sea sólo cuestión de intentar ser algo más flexible, qué fácil parece al escribirlo, imagino que es la solución para poder disfrutar sin agobios tanto de algo que amo tanto como es escribir como de la apasionante lectura de los blogs que ya considero una parte importante de mi vida.
Anda que no le doy vueltas a las cosas. Aunque no os lo creáis llevo así desde el jueves pasado. ¡¡Para que veáis que, de verdad de la buena, pienso en todos vosotros!!

Besos y feliz día a mi familia virtual






lunes, 14 de mayo de 2018

¡¡No quiero hacerme grande!! (Microrrelato)


Hola a todos. Os traigo hoy este mini-relato y aprovecho para desearos un estupendo comienzo de semana. 

                            ¡¡¡No quiero hacerme grande!!! (micro-relato)





_ ¡No quiero hacerme grande! _ me dijo, entre enfadada y llorosa _ ¡¡No quiero!! _ remachó desafiante. En ese mismo momento supe que no podría hacerla entrar en razón.
Aún así intenté explicarle que no debía tener miedo ni sentirse insegura, que crecer era hermoso; que ella estaba destinada a la grandeza, a alcanzar metas importantes pero que sólo las lograría si maduraba. Fueron muchos y muy elaborados los argumentos que empleé, pero la respuesta siguió siendo la misma, un NO rotundo, categórico. No pude hacer nada, había perdido la partida mucho antes de que empezara.
Mi historia decidió no crecer y se quedó en micro. La novela en que podría haberse convertido nunca vio la luz.



                                                    Imágenes de la red. Las eliminaré del blog si el autor lo solicita

viernes, 11 de mayo de 2018

Prohibiciones

Cuando alguna actividad me gusta mucho, soy capaz de vivir absolutamente pendiente de ella, dejando de lado “casi” todo lo demás. No sé si calificarme de apasionada o extremista, pero esta peculiaridad de mi carácter no es demasiado nociva… excepto cuando en lugar de hablar de actividades o aficiones lo hago de comida.
Hay algunos platos que me fascinan de tal modo que me vuelvo adicta a ellos y no puedo pensar más que en comerlos. Y claro, para evitar salir rodando, tengo que ponerme prohibiciones. Hay algunos alimentos que tengo vedados por completo, como las pipas o la leche condensada.
Las pipas son lo más adictivo para mí. No puedo comer unas pocas o sólo una bolsa. Empiezo y no tengo límite, y cual ardilla, acabo acumulando provisiones en casa. Que no falten. Lo malo es que ni siquiera consigo que me duren, porque no puedo verlas ahí, guardaditas, y no zampármelas. Pipas: prohibidas.
Con la leche condensada me pasa algo similar. Cuando era pequeña cogí de la despensa de mi casa un bote, lo abrí y me lo comí entero (como veis, genio y figura). Me puse tan mala que la aborrecí y no la había vuelto a tomar… hasta el verano pasado. Me dio por hacer helados, nunca los había hecho antes y me salieron deliciosos. Algunos llevaban leche condensada y se me ocurrió probarla. Craso error. Me volví a viciar de tal modo que el último bote que compré me lo acabé antes de poder hacer el helado. Leche condensada, prohibida.
Y en estas semanas le ha llegado el turno al chocolate blanco. Siempre me ha gustado pero ahora… ahora me enloquece. Me compré una chocolatina “como premio” un día que había cumplido con todos mis propósitos… y la fastidié porque ya no puedo pensar en otra cosa. Paso por delante de la tienda y me compro una tabletita. Y cuando se me acaba, me entran ganas de volver a salir a por otra. O dos, para tener de repuesto. Así que, chocolate blanco = prohibido.

Pero ahora que se acerca el verano, supongo que volveré a hacer helados… (me vuelven loca los helados)…
Y a almorzar o tomar aperitivos en la terraza, acompañados de una cervecita bien fría… (me encanta la cerveza fresquita)…

Y a beber cantidades ingentes de salmorejo… (me apasiona el salmorejo)…
Y a disfrutar de deliciosos batidos de frutas  -esos que, según la tonta moda de poner a las cosas el nombre en inglés llaman "smooothies" y no son más que batidos… (ay, los batidos de frutas)...

Y todo está tan rico... Ni con prohibiciones voy a poder controlarme...
¡¡¡Socorro!!!


jueves, 10 de mayo de 2018

La "fealdad de la vida" (el silencio no es consentimiento)

Hace días que escribí esta entrada, pero no me decidía a colgarla. El motivo os lo explico en los dos primeros párrafos y en el siguiente, os cuento el porqué de mi decisión de hoy.
Escribir  mi  blog me da la oportunidad de crear un universo propio, un mundo más o menos ideal (relajado, pacífico, divertido, amable), un lugar en el que mostrar quién y cómo soy y en el que no suele haber cabida para el lado oscuro que muchas veces nos muestra la vida. Parece una elección algo simplista y puede que lo sea, pero no creo que tenga nada de malo. Es una opción que me hace feliz y eso me basta.
Cuando alguna vez hago una crítica suele ser desde el humor. En parte porque riéndote de aquello que más te afecta lo desmitificas y parece que duele menos; en parte porque, dejando de lado algún desengaño amoroso, no he tratado de temas “serios” en mis entradas.
Sin embargo, no siempre se pueden enfocar los sucesos desde el prisma de provocar sonrisas. Hay ocasiones en que mostrar la “fealdad de la vida” (como se ha hecho en las manifestaciones que se han realizado por todo el país y en los artículos de compañeros blogueros cuyos post compartí la semana pasada) es el único medio que tenemos para combatirla.
Esa fealdad se pone de manifiesto en la actuación cobarde y miserable de cinco personas que deciden forzar a otra, y se manifiesta en la conducta –igualmente execrable- de aquellos que defienden dicho comportamiento y lo catalogan de “diversión consentida”.
Esa “manada”, la que está compuesta por individuos que no ven más allá de la satisfacción de sus deseos más básicos a costa de la humillación y la violencia, esa “manada”, decía,  cuenta como miembros honoríficos a aquellos que con su opinión (esté basada en un “supuesto” conocimiento jurídico o no) refrendan una actuación vergonzosa que yo sólo sé calificar de crimen. Y puede que estas personas no hayan participado activamente en los sucesos, pero para mí al no desaprobarlos se han convertido en miembros del grupo.
Me parece aberrante que no se comprenda que el silencio o la ausencia de un “NO” (qué respuesta puede esperarse de alguien que está aterrorizado, o ebrio, o inconsciente) no significa “SI”. Resulta patético que se tienda a juzgar a la víctima en lugar de al agresor y que, en  general, se trate de buscar los “trapos sucios” de ésta para defender a los que realmente han cometido el delito. Haríamos bien en modificar esa faceta de la actuación de los que pretenden llevar la justicia a los tribunales y defender los derechos de los ciudadanos.
Yo no soy jurista, ni abogado, ni se mucho de leyes. Pero sé que el castigo tiene que estar a la altura del delito y no creo que en este caso haya sucedido así.
Sé que cuando las leyes no funcionan hay que cambiarlas, sin que ello suponga un demérito para nuestro sistema jurídico. No creo que callar y consentir sea la mejor opción. No soy partidaria de linchamientos, soy partidaria de una justicia honesta y coherente.
Y sobre todo sé que el silencio no es consentimiento tácito ni expreso y que cuando alguien – sea hombre o mujer – dice “no”, quiere decir NO.
 A ver si va calando el mensaje. 


Os dejo los enlaces de los que os hablaba antes, por si aún no los habéis visitado y os apetece hacerlo.
Qué parte del "no" no entendiste... en Buscando mi Equilibrio .. de Esthertxu

La manada... en Incoherencias sin más ... de Miriam Escritora
Impotencias... en Las letras del Gilo ... de Gildardo López Reyes



miércoles, 9 de mayo de 2018

El árbol del pescado


         Hace un par de días me tropecé con una de las ex integrantes de la psico-pandi, que ahora está muy amable conmigo (quién sabe qué tramará, miedo me da pensarlo).
El caso es que empezamos a hablar de todo un poco y, como en esta ocasión no había tomado café, fue ella la que más o menos dirigió la conversación. Acabamos hablando de animales (para variar) y mi vecina me comentó que cada vez le cuesta más comer carne debido a que le agobia pensar en el sufrimiento de los pobres bichos.
Por un momento –solo por un momento– me admiró su coherencia y la responsabilidad que demostraba, yo no llego a tanto. A mi me encantan los animales, pero no me veo siguiendo una dieta vegetariana. Si tuviera que matarlos yo, pues sí, seguro que sí, pero hoy por hoy no es el caso.
Por un momento –sólo por un momento– me sentí fatal por ser una omnívora empedernida. Intenté justificarme un poco diciéndole que en casa sólo consumimos carne unas tres veces por semana o así, pero ella no cejaba.

_ Pues yo no tolero que se maltrate a los seres vivos, así que estoy dejando de comer animales.  Ahora me he pasado al pescado_ Concluyó.

Me dejó muda.

Pues nada, como yo tampoco soporto el maltrato ni acabar con la vida de un "ser  vivo", voy a ponerme a buscar ya mismo el árbol que da pescado, a ver si lo encuentro. Si sabéis por dónde para, no dudéis en contármelo.

                                   Imagen tomada de la red. La eliminaré del blog si el autor lo solicita.

martes, 8 de mayo de 2018

Llegan los "cangrejos" - Poemita


      Ya se siente el verano, con todo lo que eso supone... y este poemita "de los míos" va dedicado a los visitantes de la playa, que ya comienzan a llegar...










Llegan los cangrejos  
A mi escueta playa    
Enormes, pequeños,  
Jóvenes y viejos,        
Vienen de muy lejos  
Vienen en manada.      
         
Recorren sin tregua   
Rada y espigón:         
Se bañan, pasean,      
Nadan  y bucean       
Y en rocas y arena     
Se tienden al sol.           
        
Vuelven cada día      
A gozar del mar         
Y la mayoría              
No se trae sombrilla:  
Toalla o esterilla        
Y para de contar.             
     
Nunca llevan cremas.
Y, sin protecciones,
-ni sprays ni lociones-
Se abrasan, se queman
Y la piel se dejan
En sus vacaciones.

Llegan los "cangrejos"
Llegan en manada
-Jóvenes y viejos-
A invadir mi playa.








                   Si te gusta el poemita y te apetece, puedes leer otros similares...
- Complejo de mosca
- Poemita a uno de mis grandes amores
- Desayunos pantagruélicos
- Oda a una derrama











lunes, 7 de mayo de 2018

¡¡Qué lástima!!


El sábado, a las seis de la madrugada ya estaba en pie, bueno, estaba en el sofá escribiendo cuando me sorprendió el timbre del telefonillo. Entre los ladridos de Fibi pude escuchar una voz llorosa que me decía: “Soy Paula”.
Casi me da algo. Volví a preguntar quién era y obtuve la misma respuesta. La voz parecía la de mi sobrina, pero algo me decía que no podía ser. Así que, en pijama aún, (Sí, en pijama, ¡vaya fauna!) salí a la calle para ver quién era y qué pasaba (mi telefonillo no tiene cámara).
No era Paula, no era “mi Paula” al menos. Era una chica igual de joven, no llegaría a los dieciocho, completamente ebria. Había vomitado al lado de un coche y estaba tirada en la acera, boca arriba, medio desmayada.
Me aseguré de que estaba bien y desde allí mismo llamé a la policía y me esperé a que llegaran y se la llevaran. Durante ese tiempo no dejaba de darle vueltas a la cabeza.
¿Qué hubiera pasado si, en lugar de tocar el timbre de mi casa, hubiese llamado a otro edificio? ¿Y si la hubiera encontrado un desgraciado que hubiese abusado de ella? ¿Y si en vez de llegar hasta mi portal se hubiera quedado tirada en la calzada, con el peligro que ello conlleva? ¿Dónde estaban sus amigas o amigos, cómo era posible que la hubiesen dejado sola en ese lamentable estado?

Me parece muy, muy penoso el rumbo que está tomando nuestra sociedad. No entiendo que la norma general sea emborracharse el fin de semana en lugar de constituir la excepción. No comprendo que, cuando se sale con amigos, no se pacten turnos para que uno de ellos no consuma alcohol y pueda echar un cable al resto y acompañarlos a casa. No concibo que, si se sale sin compañía, se consuman bebidas hasta acabar en un estado que no te permite ni llegar a tu casa ni defenderte en caso de una agresión.
Me sentí muy triste al verla tirada en el suelo, como un despojo, con el maquillaje corrido, la boca manchada de vómito y los zapatos en la mano.
Y agradecí a la fortuna que mis sobrinas estuvieran durmiendo plácidamente en sus camas y que ninguna de ellas se haya encontrado nunca en una situación similar.
Espero que cuando llegue el día en que tomen copas cuando se vayan de marcha (por ahora las tres más jóvenes son abstemias - ojala les dure - y la mayor lo ha sido siempre) no pierdan la cabeza de este modo. Que sean capaces, al menos, de guardar cierta dignidad y, sobre todo,  algo de capacidad de reacción; espero de corazón que tengan buenas amigas que las puedan acompañar a casa o que sean lo suficientemente listas como para quedar con alguien que no beba, para que acuda en su ayuda en caso de necesidad.
Quisiera pensar que la sociedad va a cambiar, que el mundo en el que van a crecer mis sobrinas va a ser mejor que el que tenemos. Y me da muchísima lástima ver que todo parece quedarse en un simple deseo.





                                                                                                        Imagen de la red. La eliminaré del blog si el autor lo solicita

viernes, 4 de mayo de 2018

Otro sueño curioso…


Conozco sólo a una persona a la que le guste tanto como a mi contar sus sueños, y esa es mi sobrina Paula. Seguro que le gustará escuchar el relato del que he tenido hoy, y espero que a vosotros os guste leerlo. Es muy cortito, aunque para mí ha durado un montón.

                                                               Imágenes de la red. Las retiraré del blog si el autor lo solicita.

En este sueño curioso vivía en medio del campo, en un caserón bastante aislado. Era de noche y ya estaba en la cama cuando escuché el ruido de  derrape de un coche en mi jardín; al asomarme descubrí que era mi “ex”, que huía como si hubiese hecho algo muy, muy malo.
Temiéndome lo peor empecé a llamar a mi perrita, pero no aparecía por ningún lado. Ya estaba a punto de telefonear a la policía cuando aparecieron mis dos únicas vecinas que me traían a Fibi y trataban de calmarme y consolarme. Habían podido evitar el secuestro y se habían encargado de llamar a las autoridades.
El sueño acaba con todas reunidas en mi cocina, relajadas, disfrutando de un café, pero lo curioso no es el argumento, sino que esas dos vecinas que acudían a socorrerme y rescataban a la perrita a la que tanto quiero eran Cindy Groulx y Paula Koval. (Seguro que conocéis el blog de Cindy, y su comunidad, donde Paula colabora. Si no sólo tenéis que seguir los enlaces, que para eso los pongo).
¿No os parece increíble y maravilloso que haya soñado con ellas? A mi me asombra que dos personas a las que no conozco más que por dos pequeñas fotografías y por sus post y comentarios se hayan abierto hueco en mi sueño de este modo.
 Y no sólo en mi sueño. Paula y Cindy, así como la mayoría de gente a la que conozco gracias al blog, ya forman parte de mi existencia “real”. Hablo de ellos como de amigos cercanos con los que quedo a diario para charlar de nuestras cosas. Mi familia los “conoce”  y me siento unida a ellos por unos lazos que me cuesta explicar.
Ha sido una sensación bonita la que he tenido esta mañana al despertar. Me he dado cuenta de que lo que tenía visos de ser una desagradable pesadilla ha acabado convirtiéndose en una experiencia gratificante porque la aparición de dos “hadas” me ha permitido escapar de ese mal sueño y levantarme con una sonrisa que perdura mientras escribo estas líneas.


Besos a todos en este viernes radiante, y en especial a esas “hadas-vecinas” que me han visitado en sueños.

Y si te apetecen más sueños curiosos, puedes visitar éste, o uno que me encantó o quizá este otro que, para variar, también tiene que ver con Fibi.


jueves, 3 de mayo de 2018

El Tylenol cura el corazón roto


       Mientras navegaba por la red buscando imágenes de corazones para uno de mis relatos, me encontré por casualidad con una frase que me llamó poderosamente la atención:


 _Pero… ¿¿dé qué va eso?? _  Y al decirme estas palabras  la voz chillona del asombro rebotó contra las paredes de mi caja craneal.
Curiosa que es una, me puse a investigar para ver a quién se le había ocurrido decir lo que consideraba una aberración. Tras leer varios artículos muy bien documentados, me di cuenta de que la afirmación que da título a mi post de hoy no es tan absurda como parecía. (Me atrevo a decir ese “tan” porque tengo motivos personales para hacerlo. Y porque quiero, que para eso es mi blog).
            El Tylenol (marca registrada) no es otra cosa que paracetamol. Se trata por tanto de un fármaco que tiene ligeras propiedades analgésicas, por lo que alivia el dolor moderado, y antipiréticas (hasta ahí puedo llegar, no me apetecía ponerme a leer prospectos así que me quedé con eso y poco más).
Un estudio realizado en 2010 por un grupo de neurocientíficos de la Universidad de California afirma que este medicamento podría curar el dolor físico que causa el desamor.
            Según este tratado, cuando una relación se rompe, nos falta la “dosis” de dopamina a la que nuestro cerebro nos tenía acostumbrados y actuamos como adictos en fase de abstinencia. El dolor emocional que nos produce el rechazo se manifiesta en la misma zona del cerebro que el dolor físico y, por tanto, es susceptible de “curarse” (o “tratarse”, diría yo) con un analgésico.
La mayoría de autores y autoras de los artículos que curioseé coinciden en que, por suerte, con o sin paracetamol el dolor de corazón no dura para siempre y que las rupturas pueden suponer una liberación, una manera de empezar de nuevo, de reinventarse.
Me pregunto hasta qué punto es cierto esto y si no será que “el que no se consuela es porque no quiere”. 
Es cierto que el dolor de corazón no dura siempre, o al menos la intensidad de ese sufrimiento va atenuándose con el tiempo hasta que casi (recalco el “casi”) desaparece. No concibo una vida sintiendo de continuo un sufrimiento así, y yo se de molestias físicas.
Ese dolor, el que vives cuando una relación especial acaba… ese  te desarma, te anula, te bloquea y te impide ver más allá de las lágrimas. Y, al menos según mi experiencia, no puede soportarse  ni con Tylenol ni con otras medicaciones.
Quizá sea cosa mía, mi padre solía decirme que era demasiado apasionada y tenía razón, aunque he cambiado mucho en los últimos años. Quizá la experiencia que me devastó el alma me ha dejado una huella tan profunda que me impide creer totalmente en este descubrimiento científico..
Es cierto que salí del bucle sin ayuda de pastillas y que acabé por “recomponerme” (reinventarme no me parece la palabra más adecuada). Entonces ¿es bueno o malo tomar un medicamento para aliviar el dolor que produce una ruptura o es mejor dejar que el sufrimiento nos haga evolucionar como personas? 
Qué queréis que os diga, a toro pasado pinta muy bonito eso de “crecer como seres humanos, perdonar, olvidar y madurar”… pero os aseguro que por aquél entonces hubiera dado un riñón por una pastillita mágica que me ayudara a borrar el sufrimiento (y conociéndome como me conozco, sé que hubiera acabado haciéndome adicta a ella).
Un último pensamiento antes de dejaros tranquilos por hoy: creo que la frase “El Tylenol cura el desamor” no debería decirse tan a la ligera, no sea que en lugar de potenciar la “adicción al amor” lo que se logren sean yonkis de paracetamol y, en vez de tener el corazón partido lo que acabe "roto" sea nuestro hígado. 

                                                  Imágenes de la red. Las retiraré del blog si el autor lo solicita.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Efectos secundarios del café (segunda parte)


Hace unas semanas os hablé de uno de los curiosos efectos secundarios del café, que me afecta sobre todo cuando llevo una temporada sin probarlo. Hoy os quería contar otro más.  Si el primero era la súper energía, el segundo es una verborrea incontrolable. Quedaos a leer si os apetece reíros un poco.
Ayer estaba muy cansada así que me preparé un cafetito bien cargado. Si bien no me afectó dándome ese subidón que me permite hacer un sobreesfuerzo físico sin pestañear, me produjo otro de esos curiosos efectos secundarios que a mí por lo menos me hace mucha gracia.
Me da por hablar y si estoy sola no hay problema: no hablo, así que no lo noto. Si está alguna amiga o alguien de mi familia, ya están acostumbrados. Lo malo surge cuando salgo a la calle cargadita de cafeina y me encuentro con un vecino. ¡Horror de horrores!
Eso fue lo que sucedió ayer, después de beberlo  me lancé a la calle toda eufórica, con la mala suerte de que me topé con una vecina, una de las ex integrantes de la “psico-panda”. Mala suerte para ella, claro, porque yo volví a casa muerta de risa y con tema para el post.




Normalmente hablo poco con esta gente, un cortés “buenos días” y ya, pero ayer me lancé sobre ella como perro de presa y no solté bocado ni siquiera cuando vi que se estaba cansando de mi charla y trataba de huir.
Fue buenísimo. Empezamos hablando de los perros (como siempre) para pasar a opinar sobre ecología, luego comida, después salud, educación y, al final, política. No logro ver la ilación entre los temas ni pretendo saber cuales eran mis procesos mentales en ese momento, lo único que sé es que no podía parar de hablar.
Hubo un momento en que la pobre mujer me dio autentica lástima, miraba hacia todos lados como buscando algo que le permitiera escapar. Mientras observaba sus vanos esfuerzos me veía a mí misma, como desde fuera de mi cuerpo, cotorreando sin tregua y sonriendo. Bueno, más que una sonrisa era una mueca sardónica que estaba entre la sonrisa del Joker y la del gato de Cheshire puesto de anfetaminas. ¡No sé cómo no me dolían las mandíbulas!
Al final, cuando ya casi llegábamos a casa, mi vecina vio de lejos a un “supuesto conocido” y me dejó diciendo que “tenía que irse a saludar”. Y la dejé ir, pobrecilla, aunque no pude aguantarme la risa al ver cómo se alejaba a toda prisa.
¡¡Para que luego digan que no les doy tema de conversación!!


Imagenes de la red. Las eliminaré del blog si el autor lo solicita


martes, 1 de mayo de 2018

Cosas que pasan (microrrelato)

 Hola a todos. 

Hoy tengo un mini microrrelato de los que tanto me gusta escribir. Espero que a vosotros os guste leerlo. 
En esta ocasión no hay nada de real en él, excepto el nombre y la profesión del protagonista, que coinciden con los del electricista que viene a casa de tanto en tanto. Lo demás, pura ficción. 


Cosas que pasan...



Aunque Javier era electricista también hacía pequeñas chapuzas para quienes le contrataban, pero no tenía ni idea sobre fontanería, eran los únicos encargos que rechazaba cortésmente aunque necesitara el dinero, era una persona muy honesta.
María, que sabía bien qué tipo de trabajos era capaz de realizar su electricista y cuáles no, se dio cuenta de que se había enamorado de él cuando le llamó para pedirle que le arreglara una fuga en el grifo de la bañera. Javier supo que se había enamorado de ella cuando aceptó el trabajo sin pensarlo siquiera.
Mañana la pareja celebra su cincuenta aniversario de boda.

                                                                             Imágenes de la red. Las retiraré del blog si el autor lo solicita.

Si te ha gustado y te has quedado con ganas de más, te aconsejo que visites estos enlaces:

Micros olfativos
No hay quien la entienda 
Enemigos naturales
Según quien lo cuenta



lunes, 30 de abril de 2018

Una lente especial

              El viernes a media tarde cayó un buen chaparrón. La lluvia nos azotó con potencia durante unos diez minutos, y la acompañó una granizada como yo no había visto en esta zona en años. Después estuvo lloviznando a intervalos, no demasiado fuerte, pero sí lo suficiente para limpiar la atmósfera.

Ayer domingo, en mi paseo con Fibi me llevé la cámara, pero estas primeras fotos que pongo aquí las hice la primera el sábado y la segunda ayer, ambas con el móvil. Quería que fueran desde el mismo lugar y a la misma hora para que podáis ver la diferencia.



Esta es del domingo  ¡¡Menudo cambio!!


¿Quién me iba a decir a mí el sábado que iba a encontrarme con un paisaje tan bonito? El sol, oculto entre las nubes perla, parecía la luna. Se podía contemplar sin sentir molestia en los ojos porque era más un suave reflejo dorado que la luz potente y cegadora a la que estamos acostumbrados.
Estuve un rato parada observando como entraba y salía de entre los cúmulos, haciéndolos brillar, irisándolos en los contornos cuando los hería con sus rayos. Pensé que era una pena no haber cogido la cámara, pero me contenté pensando que, de todas maneras, hubiera necesitado un filtro o un objetivo muy especial para captar la imagen tal y como yo la estaba percibiendo.
No era sólo el color del cielo, que parecía reflejar el acero de un mar casi sin olas; no era únicamente que todo parecía estar envuelto en una atmósfera mágica, fresca y revitalizante. También era el suave roce de la brisa marina en mi rostro, y el canto de los gorriones desde las palmeras. Era el olor a limpio, ese aroma a “mundo recién lavado” que se queda en el ambiente tras una tormenta.
Al dejar el paseo de la playa, llegando a la estación del tram, hay un par de pinos bastante frondosos desde los que suelen saludar las tórtolas. El sábado no pude verlas, pero en el aire se respiraba un perfume de resina, de brotes verdes y savia nueva. Normalmente no huele así porque el aroma de las algas y del mar lo inunda todo.
Ayer en cambio ya olía a verano como siempre. El camino que lleva a la playa estaba lleno de gente que se dirigía a tomar el primer baño de la temporada. Las tórtolas, que el sábado no asomaron la cabecita, estaban por todas partes. Parecía que el mundo se estaba despertando después de haber hibernado un solo día.



Las flores siempre parecen más bellas tras la lluvia, y atraen a abejas y avispas. Las caracolas se pusieron de acuerdo para estirar las patitas desde sus conchas; el gato dejó de asearse para contemplarme con esos enormes ojos color mar, y la tórtola se esponjó para intentar camuflarse y parecer una piña más.



Tanto el sábado como el domingo, todo lo que vi me pareció precioso. Se bien que con mi cámara no puedo captar esa belleza, no porque no sea potente, o porque le falte capacidad, es porque no existe un aparato que pueda recoger y plasmar la esencia de lo que yo veo o el modo en que lo hago.
Me haría falta una lente especial o un objetivo que pudiera poner en modo “ojo enamorado”. Quizá así lo consiguiera.




Si te ha gustado este paseo, te invito a acompañarme a estos otros:


* Compañeros de paseo 
* Ena(mar)morada
* Un paseo por el parque La Marjal




viernes, 27 de abril de 2018

Un mundo de imanes



Antes de alejarme de este “mundo paralelo”  recibí en casa algo me hizo mucha ilusión, un premio que había ganado en un concurso que hizo Chelo en su blog. Se trataba de un precioso trébol-imán, el “Shamrock” irlandés, emblema de esta nación y símbolo de la buena suerte.


                  Mirad qué bonito es y qué preciosidad de tarjeta personalizada me hizo Chelo.


            Fue una sorpresa genial a la que quise dedicarle una entrada por entonces… y ya que no lo hice, he querido incluirlo en mi post de hoy.
            Me encantan los imanes, tengo un montón. Unos están puestos en el frigorífico, otros invaden la pizarra magnética que tengo en la cocina donde anoto la lista de la compra, y otros los guardo con los adornos navideños y los saco el 8 de diciembre para colocarlos con el resto de la decoración.

Tengo imanes de muchos lugares, casi todos ellos son regalos de gente que me aprecia. Tengo uno de Asturias, que me trajo mi amiga Tere; otro de Alessandria, Italia, que me envió mi amiga Anna desde su país. Ah, y desde hace un mes tengo cuatro más que me compraron Tere y su flamante esposo durante su viaje de novios.


Mis sobrinas Ana y Lucía me compraron uno cuando fueron de viaje a Cuenca y mi sobrina Paula me lo trajo de Londres, de la National Gallery. De mi hermano Quique y su mujer también tengo dos, el de Praga y otro de cuando hicieron el Camino de Santiago. El de Barcelona es de mi hermana y el  patito de madera también. Este último lo cortó y pintó ella hace muchísimo tiempo y es mi favorito.

Siempre dejo uno (o dos) de Navidad para recordarme que depende de mí que mi fiesta favorita dure todo el año. El muñeco de nieve ha sido el “imán indultado” del 2017-2018. En cuanto al pollito es un reloj de cocina, se lo regalé a mi madre y le encantó, ahora me recuerda a ella.


Los demás los he ido comprando por ahí: en puestos de los “hippies” en la Playa de San Juan, en las tiendas del paseo de Campello; en una quedada con un grupo de escritores que hicimos en Granada,  y en tiendas como “A Loja do gato preto”, que me encanta, “Casa”, “Ale-hop”  o “Tiger”.
Ahora el trébol de Chelo ya forma parte de mi hogar, de mi pequeño mundo de imanes. Así que con mucho, mucho retraso…
¡¡Mil gracias, Chelo!!

Y a todos, feliz fin de semana. ¡¡Hasta el lunes!!