miércoles, 2 de mayo de 2018

Efectos secundarios del café (segunda parte)


Hace unas semanas os hablé de uno de los curiosos efectos secundarios del café, que me afecta sobre todo cuando llevo una temporada sin probarlo. Hoy os quería contar otro más.  Si el primero era la súper energía, el segundo es una verborrea incontrolable. Quedaos a leer si os apetece reíros un poco.
Ayer estaba muy cansada así que me preparé un cafetito bien cargado. Si bien no me afectó dándome ese subidón que me permite hacer un sobreesfuerzo físico sin pestañear, me produjo otro de esos curiosos efectos secundarios que a mí por lo menos me hace mucha gracia.
Me da por hablar y si estoy sola no hay problema: no hablo, así que no lo noto. Si está alguna amiga o alguien de mi familia, ya están acostumbrados. Lo malo surge cuando salgo a la calle cargadita de cafeina y me encuentro con un vecino. ¡Horror de horrores!
Eso fue lo que sucedió ayer, después de beberlo  me lancé a la calle toda eufórica, con la mala suerte de que me topé con una vecina, una de las ex integrantes de la “psico-panda”. Mala suerte para ella, claro, porque yo volví a casa muerta de risa y con tema para el post.




Normalmente hablo poco con esta gente, un cortés “buenos días” y ya, pero ayer me lancé sobre ella como perro de presa y no solté bocado ni siquiera cuando vi que se estaba cansando de mi charla y trataba de huir.
Fue buenísimo. Empezamos hablando de los perros (como siempre) para pasar a opinar sobre ecología, luego comida, después salud, educación y, al final, política. No logro ver la ilación entre los temas ni pretendo saber cuales eran mis procesos mentales en ese momento, lo único que sé es que no podía parar de hablar.
Hubo un momento en que la pobre mujer me dio autentica lástima, miraba hacia todos lados como buscando algo que le permitiera escapar. Mientras observaba sus vanos esfuerzos me veía a mí misma, como desde fuera de mi cuerpo, cotorreando sin tregua y sonriendo. Bueno, más que una sonrisa era una mueca sardónica que estaba entre la sonrisa del Joker y la del gato de Cheshire puesto de anfetaminas. ¡No sé cómo no me dolían las mandíbulas!
Al final, cuando ya casi llegábamos a casa, mi vecina vio de lejos a un “supuesto conocido” y me dejó diciendo que “tenía que irse a saludar”. Y la dejé ir, pobrecilla, aunque no pude aguantarme la risa al ver cómo se alejaba a toda prisa.
¡¡Para que luego digan que no les doy tema de conversación!!


Imagenes de la red. Las eliminaré del blog si el autor lo solicita


martes, 1 de mayo de 2018

Cosas que pasan (microrrelato)

 Hola a todos. 

Hoy tengo un mini microrrelato de los que tanto me gusta escribir. Espero que a vosotros os guste leerlo. 
En esta ocasión no hay nada de real en él, excepto el nombre y la profesión del protagonista, que coinciden con los del electricista que viene a casa de tanto en tanto. Lo demás, pura ficción. 


Cosas que pasan...



Aunque Javier era electricista también hacía pequeñas chapuzas para quienes le contrataban, pero no tenía ni idea sobre fontanería, eran los únicos encargos que rechazaba cortésmente aunque necesitara el dinero, era una persona muy honesta.
María, que sabía bien qué tipo de trabajos era capaz de realizar su electricista y cuáles no, se dio cuenta de que se había enamorado de él cuando le llamó para pedirle que le arreglara una fuga en el grifo de la bañera. Javier supo que se había enamorado de ella cuando aceptó el trabajo sin pensarlo siquiera.
Mañana la pareja celebra su cincuenta aniversario de boda.

                                                                             Imágenes de la red. Las retiraré del blog si el autor lo solicita.

Si te ha gustado y te has quedado con ganas de más, te aconsejo que visites estos enlaces:

Micros olfativos
No hay quien la entienda 
Enemigos naturales
Según quien lo cuenta