viernes, 4 de mayo de 2018

Otro sueño curioso…


Conozco sólo a una persona a la que le guste tanto como a mi contar sus sueños, y esa es mi sobrina Paula. Seguro que le gustará escuchar el relato del que he tenido hoy, y espero que a vosotros os guste leerlo. Es muy cortito, aunque para mí ha durado un montón.

                                                               Imágenes de la red. Las retiraré del blog si el autor lo solicita.

En este sueño curioso vivía en medio del campo, en un caserón bastante aislado. Era de noche y ya estaba en la cama cuando escuché el ruido de  derrape de un coche en mi jardín; al asomarme descubrí que era mi “ex”, que huía como si hubiese hecho algo muy, muy malo.
Temiéndome lo peor empecé a llamar a mi perrita, pero no aparecía por ningún lado. Ya estaba a punto de telefonear a la policía cuando aparecieron mis dos únicas vecinas que me traían a Fibi y trataban de calmarme y consolarme. Habían podido evitar el secuestro y se habían encargado de llamar a las autoridades.
El sueño acaba con todas reunidas en mi cocina, relajadas, disfrutando de un café, pero lo curioso no es el argumento, sino que esas dos vecinas que acudían a socorrerme y rescataban a la perrita a la que tanto quiero eran Cindy Groulx y Paula Koval. (Seguro que conocéis el blog de Cindy, y su comunidad, donde Paula colabora. Si no sólo tenéis que seguir los enlaces, que para eso los pongo).
¿No os parece increíble y maravilloso que haya soñado con ellas? A mi me asombra que dos personas a las que no conozco más que por dos pequeñas fotografías y por sus post y comentarios se hayan abierto hueco en mi sueño de este modo.
 Y no sólo en mi sueño. Paula y Cindy, así como la mayoría de gente a la que conozco gracias al blog, ya forman parte de mi existencia “real”. Hablo de ellos como de amigos cercanos con los que quedo a diario para charlar de nuestras cosas. Mi familia los “conoce”  y me siento unida a ellos por unos lazos que me cuesta explicar.
Ha sido una sensación bonita la que he tenido esta mañana al despertar. Me he dado cuenta de que lo que tenía visos de ser una desagradable pesadilla ha acabado convirtiéndose en una experiencia gratificante porque la aparición de dos “hadas” me ha permitido escapar de ese mal sueño y levantarme con una sonrisa que perdura mientras escribo estas líneas.


Besos a todos en este viernes radiante, y en especial a esas “hadas-vecinas” que me han visitado en sueños.

Y si te apetecen más sueños curiosos, puedes visitar éste, o uno que me encantó o quizá este otro que, para variar, también tiene que ver con Fibi.


jueves, 3 de mayo de 2018

El Tylenol cura el corazón roto


       Mientras navegaba por la red buscando imágenes de corazones para uno de mis relatos, me encontré por casualidad con una frase que me llamó poderosamente la atención:


 _Pero… ¿¿dé qué va eso?? _  Y al decirme estas palabras  la voz chillona del asombro rebotó contra las paredes de mi caja craneal.
Curiosa que es una, me puse a investigar para ver a quién se le había ocurrido decir lo que consideraba una aberración. Tras leer varios artículos muy bien documentados, me di cuenta de que la afirmación que da título a mi post de hoy no es tan absurda como parecía. (Me atrevo a decir ese “tan” porque tengo motivos personales para hacerlo. Y porque quiero, que para eso es mi blog).
            El Tylenol (marca registrada) no es otra cosa que paracetamol. Se trata por tanto de un fármaco que tiene ligeras propiedades analgésicas, por lo que alivia el dolor moderado, y antipiréticas (hasta ahí puedo llegar, no me apetecía ponerme a leer prospectos así que me quedé con eso y poco más).
Un estudio realizado en 2010 por un grupo de neurocientíficos de la Universidad de California afirma que este medicamento podría curar el dolor físico que causa el desamor.
            Según este tratado, cuando una relación se rompe, nos falta la “dosis” de dopamina a la que nuestro cerebro nos tenía acostumbrados y actuamos como adictos en fase de abstinencia. El dolor emocional que nos produce el rechazo se manifiesta en la misma zona del cerebro que el dolor físico y, por tanto, es susceptible de “curarse” (o “tratarse”, diría yo) con un analgésico.
La mayoría de autores y autoras de los artículos que curioseé coinciden en que, por suerte, con o sin paracetamol el dolor de corazón no dura para siempre y que las rupturas pueden suponer una liberación, una manera de empezar de nuevo, de reinventarse.
Me pregunto hasta qué punto es cierto esto y si no será que “el que no se consuela es porque no quiere”. 
Es cierto que el dolor de corazón no dura siempre, o al menos la intensidad de ese sufrimiento va atenuándose con el tiempo hasta que casi (recalco el “casi”) desaparece. No concibo una vida sintiendo de continuo un sufrimiento así, y yo se de molestias físicas.
Ese dolor, el que vives cuando una relación especial acaba… ese  te desarma, te anula, te bloquea y te impide ver más allá de las lágrimas. Y, al menos según mi experiencia, no puede soportarse  ni con Tylenol ni con otras medicaciones.
Quizá sea cosa mía, mi padre solía decirme que era demasiado apasionada y tenía razón, aunque he cambiado mucho en los últimos años. Quizá la experiencia que me devastó el alma me ha dejado una huella tan profunda que me impide creer totalmente en este descubrimiento científico..
Es cierto que salí del bucle sin ayuda de pastillas y que acabé por “recomponerme” (reinventarme no me parece la palabra más adecuada). Entonces ¿es bueno o malo tomar un medicamento para aliviar el dolor que produce una ruptura o es mejor dejar que el sufrimiento nos haga evolucionar como personas? 
Qué queréis que os diga, a toro pasado pinta muy bonito eso de “crecer como seres humanos, perdonar, olvidar y madurar”… pero os aseguro que por aquél entonces hubiera dado un riñón por una pastillita mágica que me ayudara a borrar el sufrimiento (y conociéndome como me conozco, sé que hubiera acabado haciéndome adicta a ella).
Un último pensamiento antes de dejaros tranquilos por hoy: creo que la frase “El Tylenol cura el desamor” no debería decirse tan a la ligera, no sea que en lugar de potenciar la “adicción al amor” lo que se logren sean yonkis de paracetamol y, en vez de tener el corazón partido lo que acabe "roto" sea nuestro hígado. 

                                                  Imágenes de la red. Las retiraré del blog si el autor lo solicita.