Os decía en mi
entrada de ayer que, en un solo mes, he aprendido muchísimo. Gracias a consejos
y tutoriales, se como decorar el blog, insertar imágenes, animaciones, o crear
un formulario de contacto… hasta poner el contador de visitas o de banderitas.
Y no sólo lo he hecho para mí, si no también para tres personas más. ¡Me he
vuelto toda una experta!
Lo de ver las
visitas que recibes a diario me fascina, eso de saber desde dónde me han visto
y cuanta gente se ha dejado caer por el blog me hace mucha ilusión. Resulta
infantil, pero ¡que me cuelguen si soy la única a la que le pasa!
Cuando lo
instalé visitaba la página del contador a diario, comprobando sobre todo si
había alguien “en línea”. Los primeros días creí que tenía un “admirador”,
alguien que pasaba conectado casi tanto tiempo como yo y que seguía con avidez
mis entradas. Y es que por imaginar que no quede. Le di una identidad a mi
visitante asiduo, y aunque sólo sabía que era de Murcia, lo imaginé con todos
sus detalles: me recordaba algo a mi padre, aunque solo un poco. En mi cabecita
loca este murciano tenía unos sesenta y cinco o setenta años, pelo entrecano y
gafas de media luna. Se sentaba de noche ante su ordenador para seguir mis
publicaciones, acompañado de una taza de café. Y al leerme, se reía conmigo de
mis ocurrencias y se emocionaba en los momentos justos. Ya os digo, por imaginar…
Sin embargo,
me parecía demasiado irreal. Quiero decir ¿qué posibilidades hay de que siempre
aparezca la misma persona cuando miras el contador? Haciendo un terrible
esfuerzo bajé la cabeza de las nubes –que, para mi desgracia, es el lugar donde
más cómoda se encuentra – y pensé. Pensé e investigué. Y descubrí con sorpresa,
y mucha, mucha risa que la geolocalización no es del todo exacta y que era mi
propia IP la que veía a diario cuando me conectaba, así que el de Murcia… ¡¡¡el
de Murcia era yo!!!
Aún me estoy
riendo, y también lo hacen aquellos a quienes se lo cuento.

